sábado, 21 de diciembre de 2013

Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Este año no he sido la mejor como os prometí que sería un invierno atrás por concederme mi deseo aunque mi propósito fue firme, falle. He de confesar que he hecho cosas de las que no me siento orgullosa, mis notas tampoco han sido algo por lo que galardonar me porque no fueron ni buenas ni malas, simplemente suficientes. Tampoco he dicho siempre la verdad, ya que en muchos casos era necesario callarla. He perdido a personas importantes por orgullo y no he cedido cuando era mi deber. Quizás llegue en muchas ocasiones tarde, aunque mi intención era llegar. Puede que fallase en más de la mitad de todas las decisiones que esta año que dejo atrás me ha obligado a tomar. No he perdonado a quien rogaba perdón y tampoco le dí una segunda oportunidad a todo aquel que se la merecía. Guardé rencor, lloré, y maldije  a todo individuo que a mi me maldecía en vez de tenderle la mano o poner la otra mejilla como era lo debido. En la mayor parte de las ocasiones, no besé cuando debía besar y tampoco abracé al que lo necesitaba, no miré al que pedía mi mirada y me limité a dedicar una mala cara a aquel que suplicaba una sonrisa. Pedí y pedí y quizás me olvidé de dar algo a cambio. Tomé como forma de vida el pensamiento de 'ojo por ojo y diente por diente'. Dejé ir, sin correr a buscar. Me fui sin suplicar con la mirada que me buscasen. Pero aún así, y a pesar de que este año no he sido del todo buena quería pediros algo.

Esta es posiblemente la cosa más difícil que os he pedido desde que os escribo puesto que en esta ocasión no quiero ni una muñeca a la que peinar ni un coche con el cual pueda echarle carreras a mi primo, no voy a pediros ni un peluche para que me haga compañía por la noche ni una consola nueva, tampoco quiero ropa ni dinero. En esta ocasión quiero algo todavía más especial e importante, este año quiero que me la devolváis. Quiero a la que compartía conmigo mis alegrías o mis penas. La que me hacía sonreír en todo momento por cualquier cosa. Quiero que me devolváis la ilusión que me provocaba verla sonreír y que las noches vuelvan a tener la alegría que tenían cuando eran a su lado. Conversaciones hasta la madrugada, lágrimas provocadas por enormes carcajadas, bailes con una botella y fotografías estúpidas a su lado. Todo esto con ella. No creo necesario escribiros su nombre pues supongo que de sobra lo sabéis puesto que en más de un deseo os ha hablado de ella. La que siempre estaba y ya no está. La que quiero en mi vida más que a nada en este mundo. Sí, exactamente, esa que sabe más de mi que yo misma, la que se fue sin decir adiós dejando un vacío que nada puede llenar. Esa.

Si me concedéis mi deseo, prometo escribiros de nuevo el año que viene pero ya no para pediros algo, pues con ella, mío será todo. Tan solo os enviaré el más hermoso presente que encuentre por haberme concedido el mayor de mis deseos; envejecer junto a mi vida. Prometo también intentar enmendar todos mis errores pues hoy sé en donde fallé. No puedo prometeros que seré la mejor pues aun que lo intentase mi naturaleza está en equivocarme, tropezar y caer, pero si hago la firme promesa de corregir todo aquello que haga mal. Prometo quererla y cuidarla si me la entregáis y jamás dejar que se vaya. 

Atentamente, su mejor amiga.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Prendió una llama bajo la lluvia

Prendió una llama bajo la lluvia el día en que le vi pasar y ni una pequeña mirada me dedicó, ese día en el que de nuevo nuestras personas se cruzaron y ni cuenta se dio de que estaba a tu lado. La misma noche en la que tras pisarme al bailar se disculpó y me regaló la primera de todas las sonrisas que serían para mí. 'Disculpa' me dijo, mostrándome lo hermoso de su voz. Que quizás para otra persona cualquiera no tendría de peculiar lo que a mí se me antojaba. Una ingenue palabra que más que un simple sonido parecía una canción entera, exclusivamente echa para mí. Un instante nada más tardó en irse, sin darle importancia a quien era yo.

Otra noche más en la que coincidimos sin cruzarnos miradas, pues le resultaba indiferente entre la multitud. Y en un crepúsculo, del cual no recuerdo muchos datos, me dijo su nombre, a la par que me dio dos besos. Dos besos tan efímeros e ínfimos para él como duraderos e importantes para mí. También mi nombre yo pronuncié, pues estaba segura de que lo desconocía. Sin embargo, el suyo para mí no era algo nuevo, mas bien rutinario, pues se repetía a cada instante en mi cabeza. Sin un dónde, un por qué o un cuándo, me encontré hablando con él todos los días a la misma hora. Hablábamos de todo y de nada, por el simple placer de hablar. Mi sonrisa era continua si su voz era para mí, al igual que yo, sin certeza alguna de que esto fuese así, me imaginaba la suya tan radiante y hermosa como siempre con motivo de mis palabras.

Y sin importar que hoy ya no soy indiferente sino amiga, que ya no se disculpa al pisarme sin querer bailando sino que lo hace queriendo para robarme una sonrisa más, como si  le pareciesen pocas ya todas las que le dedico al día, sin importar que los besos ya no son efímeros sino duraderos y que su voz me suena a música, todo sigue igual. Igual de ignorado, igual de callado, igual de oculto. 

Sin pedir permiso al suyo, mi corazón palpita por él a cada segundo, porque aquel día prendió una llama bajo la lluvia.


viernes, 29 de noviembre de 2013

Nada es perfecto hasta que sonrie.

Suena el despertador, todavía las siete de la mañana. Hace frío, no es verano. Escuchas la lluvia caer, hace mal tiempo. Crees que toda persona que se encuentre en su sano juicio debería estar en la cama disfrutando de un tranquilo y despreocupado sueño en vez de encontrarse frente a un espejo terminando de peinarse para salir a la calle, a pesar de que ni el Sol se ha levantado. Maldices una y mil veces más todos aquellos motivos que hacen que te encuentres camino del trabajo de cada día. Tus manos están heladas y te has olvidado los guantes que estaban destinados a protegerlas. La cazadora que llevas puesta, a pesar de ser de forro polar, no consigue alejarte de un viento mañaneo que parece proceder del mismo polo. A cada paso que das, pierdes más la noción de la posición de tus pies, pues semejantes temperaturas no te permiten ni sentir el lugar en el que los vas colocando para desplázate y te acuerdas de ese vendedor estúpido que estaba en la tienda y te dijo 'llévate esos, te quedan muy bien, además no dejaran pasar ni el agua ni el frío'. 
Crees que todo aquel que te dice 'buenos días' lo hace tan solo para recordarte que de buenos no tienen nada.
-¡Buenos días!- suena de nuevo.
Sin más piensas "Desgraciado mentiroso que te atreves a pronunciar esas palabras, ¿acaso no ves que levantarse a estas horas infrahumanas con unas clima que solo consigue ponerte de peor humor no son precisamente unos buenos días?" y te das la vuelta para poner tu mejor cara respondiendo con un agradable y falso 'buenos días' que ya no puedes pronunciar, pues lo ves y te sonríe. 
Tu abrigo ya no deja pasar el frío o quizás sea este el logro de tu cabeza al apartar de ella toda maldición contra el invierno para ceder espacio a lo insólito o inesperado. Parece que la lluvia intensa amaina y que comienza a salir el astro mayor, o al menos así deciden verlo tus ojos. Y hasta tus pies, insensibles hasta el momento, notan el fuerte latir de tu pecho. 
-¡Buenos días!-respondes. Ya sin falso tono. Porque nada es perfecto hasta que sonríe.





jueves, 28 de noviembre de 2013

Sin tu presencia...

Dime por qué me llevaste al cielo si mi mundo era el infierno. ¿Acaso no te diste cuenta de que las llamas del fuego hacían persistir mi sustento? Al cambiar el calor del averno por la suave brisa del firmamento debiste cambiar también mi débil corazón por fuerte lucero. Acomodaste las nubes bajo mis pies y me enseñaste el lugar exacto en el que pisar para no precipitarme al vacío. Sobre tal camino entendí, que de sentirme libre, el Sol siempre deslumbraría en lo alto para mí.
¿Cuál fue mi amarga sorpresa, al sentir que tus manos dejaban de sujetarme? 'Es hora de crecer pequeña' eso dijiste, y sin más, tu cuerpo den mío separaste. Como regalo me diste el cielo, exento a preguntar si sería lo correcto, y de él me dejaste disfrutando sola, sin darte cuenta de que el delicado paraíso sin tu necesaria presencia se distorsionaba.


lunes, 14 de octubre de 2013

Restos de una guerra

Me encuentro aquí, recogiendo los restos de una guerra en la que no quise jamás participar y con la que nunca he estado de acuerdo, y mientras lo hago, reconstruyo poco a poco los hechos acaecidos dándome cuenta de que todavía puedo ver con claridad todo lo sucedido en un tiempo no tan remoto como mis sentimientos lo perciben. 

Regresando a un pasado que no quiero recordar, advierto de nuevo todos esos golpes y los siento más hondos que nunca. Sigo teniendo a flor de piel ese ardiente fuego quemándome esa misma mano que sola a la hoguera metí creyendo ciegamente que de ella saldría ilesa. Recuerdo como me jugué el pescuezo y como tontamente lo perdí. Al igual que me resulta imposible olvidar todas esas veces que confié mis manos a quien no buscaba guiarme sino más bien hacerme tropezar. Por ese entonces, yo sabía soñar, sabía volar, conocía la ilusión y sentía su magia. ¡Que lejos se ve todo un pasado que no dista más que un par de palmos de mí! 

Ordenar tus sentimientos y encontrar tirados por ahí restos de amor. De una historia que no fue y que tampoco deja ser. Hoy mis manos, ya quemadas por un avivado y cruel fuego, son las únicas que consiguen apaciguar las exaltaciones de mi piel. Solo mi perfume sabe como enamorarme cada día y mis sábanas son las únicas que consiguen apartar de mí el frío. Nadie mejor que mi almohada para hacerme conciliar el sueño y nada mejor que mi reloj para velarlo. Ningunas palabras como las que me repite mi mente consiguen tranquilizarme al igual que tampoco el pasado consigue dejarme.

Me encuentro aquí, en el mismo lugar donde un día decidimos crear un gran imperio. Nuevamente, recogiendo los destrozos que provocó algo que no supo ser. De nuevo aquí en el lugar de partida, de nuevo aquí sola pero con vida. 







domingo, 13 de octubre de 2013

Cuatro letras, un millón de sentimientos.

A pesar de ser el que más lejos estaba, siempre fuiste el que más cerca tuve, pues aún recuerdo todas esas noches en las que me dormía pensando en tí y preguntándome si yo también sería la dueña de tus pensamientos. Me preguntaba si extrañarías tanto mi presencia como yo tu silueta, si echarías en falta mi silencio tanto como yo echaba el tuyo o si añorabas tanto mi voz como yo lo hacía con el sonido de la tuya. Todavía recuerdo esos lunes en los que me despertaba implorando a eso que llaman Dios que al abrir mi ventana se descubriese un enorme y blanco manto de nieve ante mí para impedir que de nuevo te fueses de mí lado. Aún me duelen todos esos 'adiós' que esta pequeña niña ingenua, por su propio sosiego, transformaba en largos e impacientes 'hasta luego'.
Hoy que te tengo a mi lado y que tengo la seguridad de que estas aquí para no irte jamás, que puedo dormirme tranquila pues volveré a verte de nuevo al despertar, me doy cuenta de que sigues reinando en mi mente. Me sigo preguntando qué piensas cuando me miras a los ojos y qué es lo que pasa por tu mente cuando me ves y sonríes. Hoy, detrás de tus 'no puedes' descubro que solo intentas darme un motivo más para lograrlo y que escondes un inmenso orgullo detrás de cada amonestación. Incluso hoy me gusta acostarme a tu lado o pasarme horas junto a ti sin pronunciar una sola palabra. En tanto tiempo, no he descubierto todavía como negarme a ser tratada por ti como una niña pequeña, al igual que tampoco sé como evitar emocionarme cada vez que te veo sonreírme.
Debes saber, que tus 'te quiero' son los únicos en los que creo, pues son de esos que no se dicen pero se hacen sentir, de los que no se pronuncian pero se demuestran a cada instante. No debes ignorar que tu voz sigue siendo música para mis oídos y que vivo enamorada de tus miradas, que, sin decir nada, lo cuentan todo.
Puede que para el mundo tan solo sean cuatro palabras, pero para mí reúnen un millón de sentimientos;
PAPÁ.



miércoles, 9 de octubre de 2013

'Puedo escribir los versos más tristes esta noche' - Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

PABLO NERUDA
(Chile, 1904-1973)

martes, 8 de octubre de 2013

Tan pequeña niña valiente

Ignoraba lo que era caminar sin la seguridad de que unas manos me sujetaban para no dejarme caer, cuando de repente me soltaron obligándome a dar mis primeros pasos en soledad. Unos pasos demasiado torpes para una pequeña niña que aun no sabía por la vida caminar. Y justo cuando más temía a la libertad, libre me dejaron. Cuando más odiaba la soledad, me olvidaron. Desconocía lo que era volar y alas me regalaron. Olvidara como se dejaba de soñar aunque los sueños me robaron. No sabía ni los ojos abrir cuando tuve que aprender sola a mirar y también era algo nuevo para mí el camino sobre el que ahora debía pisar. 
Tan pequeña niña valiente, que sola mis primeros pasos dí. Demasiado torpes eran, para tan pequeña primavera que más veces me veía en el suelo que levantada. Excesivas fueron las veces que por mi mente pasó la idea de una derrota. Todo parecía seguir un ciclo en el cual mi cuerpo terminaba siempre en el piso. Nada parecía más sencillo que sentarse a esperar e ilusionarse con la posibilidad de que un pequeño vendaval de viento me diese un fuerte empujón para verme de nuevo grande y hermosa. Mas al sentarme a esperar vi que no esperaba nada que pudiera en realidad pasar. De nuevo me levanté, y mi desastroso aprendizaje retomé. De nuevo caí, pero no me senté a esperar, pues veía que toda herida hecha por cada una de mis caídas me enseñaba poco a poco el lugar en el que se encontraban las piedras, y  sin darme cuenta, el camino de memoria aprendí y así pude evitar la mayoría de las rocas que se encontraban repartidas por él. Con mis nuevas alas, también eché a volar, pero no sin antes a más de algún árbol atropellar. Y allí en lo alto, a donde mis alones me permitían llegar recordé de nuevo lo que era dejar de soñar, y conseguí a la basura demasiados castillos de nubes tirar. 
Ya asentada en una nueva vida y sin temer a una hermosa y grata libertad, ahora se me presenta una nueva oportunidad para empezar. Tan pequeña niña valiente, ahora te toca a ti ganar.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Algunas de ellas se pueden esquivar.

Bailé al son de una música que no me llegaba al corazón tapando los oídos a aquella que me definía como persona, dejándome llevar por un vals que no era para nosotros dos. Corrí al lugar de nunca jamás acompañada de los que solo buscaban hacerme agotar, apartando así a todos los que junto a mí, un buen recorrido querrían pasar. Caminé bajo la lluvia creyendo estar en una película omitiendo que estaba bajo una tormenta y canté siguiendo la escala de DO sin darme cuenta de que significaba 'dolor'.
He llorado los malos momentos olvidándome reírme de los buenos. He mostrado mis lágrimas de tristeza a todo aquel que no merecía ver ni las de felicidad. He creído en palabras que nunca fueron sinceras y no le dí valor a todas aquellas que me ayudaron a levantarme cada vez que me caía. Sonreí a quienes no debía premiar con mi sonrisa y guardé mi mal humor para aquellos que nunca se fueron de mi lado. Borré de mi presente personas que jamás me dejarían formar parte de su pasado y busqué a individuos que ni a ellos eran comparables. Me olvide de los que demostraban quererme y me fui con los que decían hacerlo. Llamé amor a todo aquello que conseguía arrancarme más sollozos que sonrisas y soñé que alcanzaría lo inalcanzable. Nunca dudé de la veracidad de muchas mentiras, dejando así de creer en grandes verdades. Entregué mi mano a aquel que falsamente prometió no soltarla jamás rechazando así aquellas manos que solo buscaban hacerme volar. 
Hice eso que científicamente se conoce como tropezar dos veces con la misma piedra y buscar hacerlo una tercera sin darme cuenta de que aflojando, alguna de ellas se puede esquivar. 




viernes, 27 de septiembre de 2013

Algunos lo llaman amor, yo prefiero llamarlo droga.

La sociedad en la que vivimos y nos desenvolvemos diariamente, conoce como droga a toda aquella cosa que te nuble el sentido o la razón, que poco a poco te roba tu tiempo y tu vida y hace que paulatinamente y sin darte cuenta dependas totalmente de ella. Seguramente, todas aquellas princesas que lloraron alguna vez, en la soledad de su cuarto una noche fría, fueron víctimas de la droga más fuerte y compleja, la más hábil y la más torpe, la más dulce y la más amarga. La droga con la que muchos patanes trafican, y la que muchos de nosotros conocemos con el nombre de 'amor'.
Es así, como sin darte cuenta lo quieres, lo necesitas. Y todo tu regodeo se concentra y depende de él. Pero, ¿que sucede cuando se ausenta?
Ya no es su pensamiento lo que te nubla la cabeza si no el saber que ya nada tiene lugar. Su recuerdo no es el que juega a hacerte llorar si no la seguridad de que ya todo forma parte de un pasado. No es la falta de sus besos ni el añoro a su piel lo que te tiene desorientada, si no el vacío tan nuevo como extraño que encuentras en tu corazón. No consigues ver más allá de donde tus ojos no quieren mirar, y fuera de toda esa tormenta está un radiante Sol que aguarda tu llegada, mas tú no alcanzas a verlo. 
Y es que algunos lo llaman amor, pero yo prefiero llamarlo droga. 



miércoles, 18 de septiembre de 2013

Solo ocurre una cosa; llega el puto invierno.

¿Nunca habéis tenido esa sensación como de que estáis perdiendo a esa persona que en apenas un verano se ha convertido en tu vida entera y que ahora, junto con el invierno llega el olvido? Sí, me refiero a esa sensación de querer empezar de nuevo, de que vuelva a despertarte una mañana con unos pasteles aun calentitos como almuerzo de disculpa tras una tonta riña nocturna, o que una noche, así sin más, se presente debajo de tu portal para decirte que tiene una sorpresa para ti, que confíes en él, y tú, feliz e ilusionada lo sigues hasta descubrir que su sorpresa es nada más ni nada menos que una rica cena con tu pizza preferida junto al río en una noche con lluvia de estrellas. Desear reanudar todas esas charlas que duraban hasta bien entrada la madrugada o esas tardes de sofá, película, palomitas y sonrisas. Necesitar volver abrazar su cintura para sujetarte y no caer. Revivir de nuevo tardes enteras a su lado y unirse de nuevo en su casa a sus comidas sin importar que fuesen cenas o reuniones familiares. Sentirte parte de él, sentir que es parte de ti.
Pero justo cuando los momentos a su lado se vuelven algo común y las noches sin él se vuelven una tortura, solo ocurre una cosa; llega el puto invierno. 
Ahora toca cambiar las tardes de película por tardes de libro. Pasar de abrazar su cintura y dejarse llevar alegre sintiendo la suave brisa sobre tu cuerpo a abrazar la almohada y dejarse caer rendida tras un día agotador. Pero quizás lo más difícil no sea cambiar las charlas nocturnas por sueños inalcanzables, ni las meriendas juntos por picoteo frente a unos apuntes. Tal vez, lo más complicado sea recordar todo un verano juntos viendo el invierno tan solitario que se nos avecina. 
En este momento, debo tener presente sus palabras: 'pequeña, que aunque un largo y frío invierno nos separe, siempre vendrá un nuevo verano caluroso para enlazarnos'.



martes, 17 de septiembre de 2013

Cantos de sirena

Oye sirena, ¿y tú ahí tan sola en esa roca perdida en medio de un mar de aguas tan claras? Cantas al mar ¿verdad? Como no, pides lo que todas, un hombre que te despierte diciéndote: 'Oye dormilona, que ya son horas de despertar, ¿que haces durmiendo? ¿no ves que el Sol no sale a brillar si tu no te levantas a sonreír?'. Te lleve una rosa roja a la cama y que te diga que te ves hermosa aun estando despeinada, sin maquillaje y con una camiseta ancha a modo de pijama. Como todas, sueñas con uno que te lleve a la playa en su moto para vivir una tarde de ensueño. Que te sorprenda a cada minuto con un plan tan descabellado como mágico. Sin duda adorarías que te hiciese enfadar para luego sonreírte, acariciarte en la mejilla, mirarte a los ojos y decirte 'pero que bonita se ve mi pequeña enfadada'. Sería perfecto que él, en medio del beso perfecto sonriera al mirar tu cara y te dijera 'pero mi niña, que fea eres y que tonto me tienes'. Te enamoraría saber que mientras tu duermes a su lado, él admira tu belleza acariciando tu cabello, oliendo tu aroma y sonriendo como un niño pequeño imaginándose miles de historias a tu lado. Que se colaría hasta por la más alta ventana de la más alta torre tan solo para darte las buenas noches con un cálido beso y decirte al oído que te quiere. Un hombre con el que llorar cuando te cuenten que dijo que no quería porque estaba enamorado, y no que no podía porque tenía novia. Cantas al mar, pidiéndole que te regale a ese que con su mejor amigo habla de lo mucho que te quiere y de que sin ti su vida no tiene sentido. Ese que te lleve de la mano hasta el País de Nunca Jamás y que te ruegue que seáis 'nunca' para poder ser 'para siempre'
¡Ay Sirenita despierta ya!, esos hombres, tan solo existen en la fantasía, tan solo son espejismos; el mar no puede entregarte lo que la tierra no tiene en ninguna parte. 


lunes, 16 de septiembre de 2013

'Mi vida, no temas al mañana'

'Mi vida, no temas al mañana'. Ese es el mensaje que quiero que graves en tu corazón princesa. No pienses en un futuro desastroso cuando por lo de ahora tu presente es maravilloso. En tu mente debes llevar siempre la seguridad de que jamás te verás sola porque yo siempre estaré a tu lado. Tus fracasos serán los míos y con las piedras de tu camino caeremos las dos, para no tener que levantarnos solas. Jamás dudes de que seré la primera en sonreír al ver que sonríes y que seré la última en irme cuando desees soledad. Bonita, recuerda siempre que tus sueños serán los míos, y que a tus metas llegaremos juntas. Constantemente tendrás mi mano para caminar y siempre mi hombro para llorar. De mí, siempre tendrás un abrazo cuando te sientas sola, y de mi boca, siempre saldrá una verdad dolorosa antes que una mentira piadosa.
Prometo preocuparme por ti como lo haría cualquier madre, regañarte como lo haría cualquier padre y cubrirte como lo haría cualquier hermana. Prometo hacerte ver lo grande que eres cada vez que te sientas minúscula y recordarte que eres perfecta cada vez que te creas incompleta. Te aseguro que nuestra amistad será mejor que la de Flounder y la princesa Ariel, y que como Romeo y Julieta, ni muertas nos separaremos.
Así que mi vida, recuerda con una sonrisa el pasado, disfruta como una pequeña el presente, y sueña a lo grande con el futuro.


Pequeña Cenicienta

No importa que llegue el día del baile y no tengas acompañante. Que tu hada madrina no llegue esa noche justo a tiempo para transformar tu melena suelta en un perfecto tocado, vestir tu cuerpo con un hermoso atuendo que realce tu belleza, adornar tu cuello con una fina gargantilla de oro o vestirte unos frágiles zapatos de cristal. No te preocupes si la calabaza no se transforma en un carruaje que te lleve a triunfar esa noche o si los pajarillos no te hacen de pajes serviciales. No le des importancia a las campanadas de media noche ni te sientas triste por no poder huir furtivamente de un palacio para que no se deshaga el hechizo que nadie ha hecho para ti. Tampoco tengas prisa en encontrar a ese príncipe que recorra todo el reino en busca de la dueña de un pequeño zapatito de cristal, al que no le importe el tiempo o el esfuerzo invertido en encontrar a la joven que lo embaucó en una noche.
Debes tener la certeza de que no necesitas a un hada madrina para verte espléndida en cualquier momento y que no necesitas un carruaje para llegar al lugar en el que vas a triunfar, pues puedes destacar en cualquier lugar. Tampoco vas a tener que estar atenta a la hora de tu huida porque siempre debes tener algo presente pequeña Cenicienta; aquel a quien consigas cautivar, jamás te dejará escapar. 





viernes, 13 de septiembre de 2013

Eres grande, pequeña

¡Hey hermosa! ¡Tú, si tú, la que llora en silencio la ausencia de un patán que jamás supo valorarla! Lee esto:
Debes recordar siempre que has sido tú la que lo ha querido cuando el mundo lo odiaba, la que le aguantaba su mal humor siempre con una sonrisa y la que le puso el mundo a sus pies cuando él no tenía absolutamente nada. Recuerda también cada caricia que le ofreciste, cada consejo que le regalaste y cada beso que le diste. Fue él el que decidió tirarlo todo al viento, dejarlo volar. Ha sido él el que no ha valorado todos tus esfuerzos en mantener vivo lo vuestro. Es su culpa no la tuya. Así que pequeña, tú que siempre has pensado en él, que siempre lo has ante-puesto a ti,  mírate. Te ves preciosa, es más, lo eres. Levántate y sonríe al mundo que él quiere verte feliz. No te creas débil, pues eres todo lo contrario. Que aun que ninguna persona lo sepa ver, tú te levantas cada mañana con una sonrisa tras haber pasado la noche sola entre lágrimas. Ayudas al prójimo cuando quizás quien más ayuda necesita seas tú. Ofreces tu hombro para llorar a quien lo necesite cuando tú eres la primera destrozada. 
Vales mucho querida, mucho. Demasiado como para perder el tiempo recordando personas que no han sabido valorarte. Ten algo siempre presente; eres grande, pequeña. 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Princesa sin corona

Esta es mi historia y quizás también la tuya, la de tu hermana, la de tu madre, la de tu mejor amiga o la de esas chica que conoces de vista. Y es que mi historia no tiene nada de especial, tan solo una mancha, llamada amor.
Amor, amor, amor. ¡Que hermosa palabra! ¡Que desastroso sentimiento!
¿Cuántas no hemos sido engañadas por falsas muestras de cariño? ¿Cuántas hemos creído promesas de amor que jamás se cumplirán? ¿Cuántos 'te amo' falsos volarían al viento? ¿Cuántas lágrimas derramaríamos por sapos disfrazados de príncipes?
 Desde el dolor afirmo que una mentira de amor, no puede sostenerse por mucho tiempo. Los príncipes azules que tan solo estaban pintados con tempera terminan destiñendo, los cimientos de tu palacio que tan sólidos parecían se derrumban, y tus recuerdos, hasta ahora culpables de todas tus sonrisas, se vuelven en tu contra. Él, que prometió quererte, respetarte, protegerte, y adorarte es quien te destrona. Quita de tu cabeza la corona oro para poner la de espinas. Quita de tu corazón la sensación de alegría para que sienta tan solo tristeza. Quita de tu rostro el hermoso color vívido para poner en él lágrimas que lo destrozan. Sin importarle que has sido tú la  que lo ha velado cada noche, la que ha estado a su lado cuando el mundo le daba la espalda y la que sentía sus fracasos como si fueran los tuyos propios. No le da valor a nada, porque realmente, él, nada vale.

Pero, escucha algo princesa, no importa que un sapo te haya robado la corona, algún día llegará un rey que te la ponga.




Sueña, es gratis.

Desde pequeños nos han enseñado que en la vida siempre hay un poco de magia; que si los Reyes Magos de Oriente reparten regalos a todos los niños del mundo en una sola noche, que si un pequeño ratón al que llaman Pérez te deja dinero debajo de la almohada a cambio de tu primer diente de leche o que si un viejo gordito del Polo Norte es capaz de recorrer el cielo montado en un trineo tirados por renos que saben volar y colarse en todas las casas por la chimenea para dejar un pequeño regalo de Navidad a la familia. No debemos dejar que crecer implique perder la magia, porque es la que nos mantiene la ilusión. Así que el día que paseando te lo encuentres, ahí, tan solitario como frágil, cógelo. Coge ese diente de león y sóplalo pidiendo un deseo. Observa como sus pétalos vuelan al viento y espera que lleguen al lugar en donde los sueños se hacen realidad.