Esta es mi historia y quizás también la tuya, la de tu hermana, la de tu madre, la de tu mejor amiga o la de esas chica que conoces de vista. Y es que mi historia no tiene nada de especial, tan solo una mancha, llamada amor.
Amor, amor, amor. ¡Que hermosa palabra! ¡Que desastroso sentimiento!
¿Cuántas no hemos sido engañadas por falsas muestras de cariño? ¿Cuántas hemos creído promesas de amor que jamás se cumplirán? ¿Cuántos 'te amo' falsos volarían al viento? ¿Cuántas lágrimas derramaríamos por sapos disfrazados de príncipes?
Desde el dolor afirmo que una mentira de amor, no puede sostenerse por mucho tiempo. Los príncipes azules que tan solo estaban pintados con tempera terminan destiñendo, los cimientos de tu palacio que tan sólidos parecían se derrumban, y tus recuerdos, hasta ahora culpables de todas tus sonrisas, se vuelven en tu contra. Él, que prometió quererte, respetarte, protegerte, y adorarte es quien te destrona. Quita de tu cabeza la corona oro para poner la de espinas. Quita de tu corazón la sensación de alegría para que sienta tan solo tristeza. Quita de tu rostro el hermoso color vívido para poner en él lágrimas que lo destrozan. Sin importarle que has sido tú la que lo ha velado cada noche, la que ha estado a su lado cuando el mundo le daba la espalda y la que sentía sus fracasos como si fueran los tuyos propios. No le da valor a nada, porque realmente, él, nada vale.
Pero, escucha algo princesa, no importa que un sapo te haya robado la corona, algún día llegará un rey que te la ponga.

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