domingo, 23 de febrero de 2014

Y en la mañana de resaca...

Con la cartera vacía, los zapatos sucios, la ropa de fiesta mojada de sudor y oliendo al último cigarrillo de la noche. Todavía sigue tu cabeza preocupada por descifrar el lugar exacto en el que te encuentras y ordenar tus a tus pies colocarse en la posición idónea para que puedan seguir sustentando tu cuerpo más inestable que el flan que tomaste como postre antes de empezar lo que ahora te tiene así, sumido en un submundo. Te acuerdas en silencio, posiblemente más concentrado en no levantar sospecha de tu estado que en pararte a pensar por qué has terminado en él.

Y en la mañana de resaca lo único que recuerdas haber bebido era alcohol de su boca. La única droga que estás seguro de haber esnifado era el aroma impregnado en su piel y todavía recuerdas la manera en que su voz perturbaba tu mente, la cual hasta el momento se encontraba cuerda. Y eso es todo lo que alcanzas a recordar de una noche de desenfreno y descontrol, en la que seguro miraste más de unos ojos o rozaste más de un cuerpo, acariciaste más de un rostro y besaste más de un par de labios. Quizás varias voces entraron en tus oídos o descubriste nuevas facciones asociadas a sencillos nombres, que ahora mismo no consigues recordar. Fija y clara es la idea de que tus pies se sincronizaron con tu cuerpo para realizar movimientos posiblemente no muy cuerdos en un intento de bailar, aunque no consigas ni siquiera tararear alguna de las canciones que rellenaron tu noche.
Pero al final, ¿Qué importa haber besado otros labios o tocado otras caras?, ¿Cuál es la ventaja de haberles robado una sonrisa o algún que otro color rojizo? Si traes la cartera por ellas tiesa, y tieso por Ella traes el corazón