lunes, 14 de octubre de 2013

Restos de una guerra

Me encuentro aquí, recogiendo los restos de una guerra en la que no quise jamás participar y con la que nunca he estado de acuerdo, y mientras lo hago, reconstruyo poco a poco los hechos acaecidos dándome cuenta de que todavía puedo ver con claridad todo lo sucedido en un tiempo no tan remoto como mis sentimientos lo perciben. 

Regresando a un pasado que no quiero recordar, advierto de nuevo todos esos golpes y los siento más hondos que nunca. Sigo teniendo a flor de piel ese ardiente fuego quemándome esa misma mano que sola a la hoguera metí creyendo ciegamente que de ella saldría ilesa. Recuerdo como me jugué el pescuezo y como tontamente lo perdí. Al igual que me resulta imposible olvidar todas esas veces que confié mis manos a quien no buscaba guiarme sino más bien hacerme tropezar. Por ese entonces, yo sabía soñar, sabía volar, conocía la ilusión y sentía su magia. ¡Que lejos se ve todo un pasado que no dista más que un par de palmos de mí! 

Ordenar tus sentimientos y encontrar tirados por ahí restos de amor. De una historia que no fue y que tampoco deja ser. Hoy mis manos, ya quemadas por un avivado y cruel fuego, son las únicas que consiguen apaciguar las exaltaciones de mi piel. Solo mi perfume sabe como enamorarme cada día y mis sábanas son las únicas que consiguen apartar de mí el frío. Nadie mejor que mi almohada para hacerme conciliar el sueño y nada mejor que mi reloj para velarlo. Ningunas palabras como las que me repite mi mente consiguen tranquilizarme al igual que tampoco el pasado consigue dejarme.

Me encuentro aquí, en el mismo lugar donde un día decidimos crear un gran imperio. Nuevamente, recogiendo los destrozos que provocó algo que no supo ser. De nuevo aquí en el lugar de partida, de nuevo aquí sola pero con vida. 







domingo, 13 de octubre de 2013

Cuatro letras, un millón de sentimientos.

A pesar de ser el que más lejos estaba, siempre fuiste el que más cerca tuve, pues aún recuerdo todas esas noches en las que me dormía pensando en tí y preguntándome si yo también sería la dueña de tus pensamientos. Me preguntaba si extrañarías tanto mi presencia como yo tu silueta, si echarías en falta mi silencio tanto como yo echaba el tuyo o si añorabas tanto mi voz como yo lo hacía con el sonido de la tuya. Todavía recuerdo esos lunes en los que me despertaba implorando a eso que llaman Dios que al abrir mi ventana se descubriese un enorme y blanco manto de nieve ante mí para impedir que de nuevo te fueses de mí lado. Aún me duelen todos esos 'adiós' que esta pequeña niña ingenua, por su propio sosiego, transformaba en largos e impacientes 'hasta luego'.
Hoy que te tengo a mi lado y que tengo la seguridad de que estas aquí para no irte jamás, que puedo dormirme tranquila pues volveré a verte de nuevo al despertar, me doy cuenta de que sigues reinando en mi mente. Me sigo preguntando qué piensas cuando me miras a los ojos y qué es lo que pasa por tu mente cuando me ves y sonríes. Hoy, detrás de tus 'no puedes' descubro que solo intentas darme un motivo más para lograrlo y que escondes un inmenso orgullo detrás de cada amonestación. Incluso hoy me gusta acostarme a tu lado o pasarme horas junto a ti sin pronunciar una sola palabra. En tanto tiempo, no he descubierto todavía como negarme a ser tratada por ti como una niña pequeña, al igual que tampoco sé como evitar emocionarme cada vez que te veo sonreírme.
Debes saber, que tus 'te quiero' son los únicos en los que creo, pues son de esos que no se dicen pero se hacen sentir, de los que no se pronuncian pero se demuestran a cada instante. No debes ignorar que tu voz sigue siendo música para mis oídos y que vivo enamorada de tus miradas, que, sin decir nada, lo cuentan todo.
Puede que para el mundo tan solo sean cuatro palabras, pero para mí reúnen un millón de sentimientos;
PAPÁ.



miércoles, 9 de octubre de 2013

'Puedo escribir los versos más tristes esta noche' - Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

PABLO NERUDA
(Chile, 1904-1973)

martes, 8 de octubre de 2013

Tan pequeña niña valiente

Ignoraba lo que era caminar sin la seguridad de que unas manos me sujetaban para no dejarme caer, cuando de repente me soltaron obligándome a dar mis primeros pasos en soledad. Unos pasos demasiado torpes para una pequeña niña que aun no sabía por la vida caminar. Y justo cuando más temía a la libertad, libre me dejaron. Cuando más odiaba la soledad, me olvidaron. Desconocía lo que era volar y alas me regalaron. Olvidara como se dejaba de soñar aunque los sueños me robaron. No sabía ni los ojos abrir cuando tuve que aprender sola a mirar y también era algo nuevo para mí el camino sobre el que ahora debía pisar. 
Tan pequeña niña valiente, que sola mis primeros pasos dí. Demasiado torpes eran, para tan pequeña primavera que más veces me veía en el suelo que levantada. Excesivas fueron las veces que por mi mente pasó la idea de una derrota. Todo parecía seguir un ciclo en el cual mi cuerpo terminaba siempre en el piso. Nada parecía más sencillo que sentarse a esperar e ilusionarse con la posibilidad de que un pequeño vendaval de viento me diese un fuerte empujón para verme de nuevo grande y hermosa. Mas al sentarme a esperar vi que no esperaba nada que pudiera en realidad pasar. De nuevo me levanté, y mi desastroso aprendizaje retomé. De nuevo caí, pero no me senté a esperar, pues veía que toda herida hecha por cada una de mis caídas me enseñaba poco a poco el lugar en el que se encontraban las piedras, y  sin darme cuenta, el camino de memoria aprendí y así pude evitar la mayoría de las rocas que se encontraban repartidas por él. Con mis nuevas alas, también eché a volar, pero no sin antes a más de algún árbol atropellar. Y allí en lo alto, a donde mis alones me permitían llegar recordé de nuevo lo que era dejar de soñar, y conseguí a la basura demasiados castillos de nubes tirar. 
Ya asentada en una nueva vida y sin temer a una hermosa y grata libertad, ahora se me presenta una nueva oportunidad para empezar. Tan pequeña niña valiente, ahora te toca a ti ganar.