domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo quince. Página 457

Los ojos le comenzaban a pesar. Sentía que el cansancio y la fatiga se apoderaba de su cuerpo. Aunque todo cuanto leía y escribía lo entusiasmaba y le gustaba, ya no era razón de suficiente peso para mantenerlo despierto. Ni la taza de café hacia ya efecto, se encontraba demasiado fría. Necesitaba descansar, al menos un par de días. Notaba sus párpados cerrandose sigilosamente y sin avisar. Cada vez parecían ser más pesados. Quizás tan solo fuese necesario marcar la esquina de la parte superior derecha de la página, que lucía un grabado en elegante letra cursiva 'capitulo quince' , para descansar y así más tarde poder retomar la lectura. Así lo hizo.

En los días próximos, en lugar de hechar en falta la continuación de su historia, se dedicó a leer los titulos de algunas que también parecian poder engancharle de provarlas. Y así fue, como compró un delgado libro de bolsillo. Una historia más con otra a medio terminar. 'Tan solo era una pausa, luego la puedo retomar', dijo a la vez que se disponía a empezar su nueva historia. A medida que esta avanzaba, él se daba cuenta de que algo faltaba, más no se preguntó el qué y continuó hasta terminar. Una vez leída la última frase de su efímera historia, se dispuso a terminar la que había dejado apartada.

La abrió por la misma página en la que la había dejado, 457,  con intención de seguir hacia adelante como si nada se hubiese interpuesto en medio. Empezó a leer pero no entendía el argumento. Intentó volver unas páginas atrás para retomar el hilo olvidado mas ya no tenía caso. Debía volver al principio.

Ya no sería lo mismo, la historia se repetiría y de nuevo se agotaría en el mismo lugar, sino antes por el aburrimiento de releer de nuevo lo mismo, y la situación volvería a ser la misma: una página doblada, una historia inacabada, una taza de café fría y un final a merced de la imaginación de cada ser.

miércoles, 23 de abril de 2014

Heridas cicatrizantes

'Aquella iva a ser la última vez' dijo antes de volver hacerlo. Entonces se dio cuenta de que ya no podía   dejarlo, de que caería de nuevo una y otra vez. De pronto entendió que no importaba quién estuviese a su lado sí es que había alguien pues no podía alejarse de él una vez él se acercaba. Ella era un juguete a merced de los caprichos del que sin saberlo ya empezaba a quererla más nunca sería capaz de reconocerlo. El mundo no se hizo para que ellos fuesen dos, como mucho uno complemento del otro, no más. Siempre callaran todo aquello que deberían decirse o quizás lo compartían con otras personas soñando que están juntos. Dibujaran el rostro del otro en la faz del que duerme a su lado cual pintor enamorado de su lienzo. Todavía comparten sus más escondidas intimidades quizás no por el placer de tener un compañero con quien hablar sino para ocultar lo que ya hace tiempo ha nacido y que ninguno es capaz de erradicar. Simples amigos que nunca llegaran a serlo. Complejas ilusiones a las que nunca se les dará rienda suelta. Dudas que siempre dejaran volar a la imaginación, y un millón de palabras que únicamente serán dichas en sueños.

Tatuaje sin tinta

Hicieron oídos sordos cuando entendieron que los dos iban en la misma dirección, por eso nunca llegaron a acompañarse durante el trayecto, y se tapaban los ojos para no escuchar uno las pisadas del otro. Era evidente que sus pasos eran paralelos mas ninguno quería verlo. No llegaron a las perdices porque se olvidaron de reunir el valor suficiente para intercambiar un 'te quiero'. Dejaron que las miradas lo gritasen todo sin ninguno susurrar nada. Los dos sabian lo que querian y sabian los dos que ninguno lo haría. Ambos prefirieron no tirarse del barco que compartian para no tener que nadar, y tambien hicieron caso omiso de que dicho barco era capitaneado por un mismo corazón. Finjian estar de vacaciones, y los dos disfrutaban del tiempo haciendo como que la amistad que los unia no pasaba de eso. Son de esas personas que si no encuentran palabra la inventan, sin embargo, ninguno lo pronunciará jamás. ¿Miedo, inseguridad? Nunca lo sabran. La duda de lo que no fue y de lo que no será. Quizás termine como empezaron, siendo dos desconocidos, o quizás terminen como estan, queriéndose sabiendolo y sin saberlo.
Desaprovecharán algo que nace y se hace por no pronunciar ocho letras. El orgullo o la personalidad se encarga de comerlo todo. Creen ser copias exactas, entendidos de la vida, pero lo que ninguno sabe es que tatuaje sin tinta es duele más que cualquier otra herida.

domingo, 23 de febrero de 2014

Y en la mañana de resaca...

Con la cartera vacía, los zapatos sucios, la ropa de fiesta mojada de sudor y oliendo al último cigarrillo de la noche. Todavía sigue tu cabeza preocupada por descifrar el lugar exacto en el que te encuentras y ordenar tus a tus pies colocarse en la posición idónea para que puedan seguir sustentando tu cuerpo más inestable que el flan que tomaste como postre antes de empezar lo que ahora te tiene así, sumido en un submundo. Te acuerdas en silencio, posiblemente más concentrado en no levantar sospecha de tu estado que en pararte a pensar por qué has terminado en él.

Y en la mañana de resaca lo único que recuerdas haber bebido era alcohol de su boca. La única droga que estás seguro de haber esnifado era el aroma impregnado en su piel y todavía recuerdas la manera en que su voz perturbaba tu mente, la cual hasta el momento se encontraba cuerda. Y eso es todo lo que alcanzas a recordar de una noche de desenfreno y descontrol, en la que seguro miraste más de unos ojos o rozaste más de un cuerpo, acariciaste más de un rostro y besaste más de un par de labios. Quizás varias voces entraron en tus oídos o descubriste nuevas facciones asociadas a sencillos nombres, que ahora mismo no consigues recordar. Fija y clara es la idea de que tus pies se sincronizaron con tu cuerpo para realizar movimientos posiblemente no muy cuerdos en un intento de bailar, aunque no consigas ni siquiera tararear alguna de las canciones que rellenaron tu noche.
Pero al final, ¿Qué importa haber besado otros labios o tocado otras caras?, ¿Cuál es la ventaja de haberles robado una sonrisa o algún que otro color rojizo? Si traes la cartera por ellas tiesa, y tieso por Ella traes el corazón 


sábado, 18 de enero de 2014

¿Qué soy yo sin ella?

Sobre la mesa media copa de licor, una carta rota y un millón de sentimientos por el suelo. Lágrimas sobre los trozos de papel, y abrazos de consuelo que se quedan en el aire. Nada, absolutamente nada más que la botella a medio terminar y el olor de decepción que se respira en la habitación.

Parece que está oscureciendo, que la noche, en la concepción de soledad se manifiesta en este momento. Ganas de terminar, de ya no ser, de escapar. Correr y no volver. No ser uno, tampoco ninguno. Parece que todo falla, que nada ocupa su lugar. La luna ya no es blanca, empieza a amarillear. Las estrellas están ausentes, y ahora, ¿a quien mirar?. Ya no queda nada de lo que había esta mañana. No hay sol amarillo, no hay nubes esponjosas. Me falta la suave brisa para cepillar mi cabello y no hay pájaro cantor que llene mi oído de canción de amor.

De repente algo entra por la puerta, y me regala su calor, para protegerme de tanto frío desgarrador. Me permite acurrucarme entre tus brazos y a la vez que me aparta ese mechón de pelo de los ojos que me esta a nublar la vista, me recuerda que no estoy sola. Al mirar por la ventana me doy cuenta de que la luna, de amarilla se ha vuelto sol, que el oscuro del cielo se a desteñido en azul claro y la hierba brilla de verde que se encuentra. Para mi sorpresa, me encuentro sonriendo, haciéndola culpable a ella de tal acción.

Decidme qué es el cielo sin estrellas, un libro sin letras, un océano sin agua o qué soy yo sin ella.






Él vuelve

Cuando su recuerdo ya no ocupa la mayor parte de tu corazón y las lágrimas han dejado de ser ocupas de tus ojos, él vuelve. En ese momento en el que empiezas a aprecias las cosas que te ofrece la vida para ser feliz y olvidas que lo ausente era la única razón que tu corazón encontraba para sentirse alegre, él vuelve. Vuelve llamándote princesa, como lo hacía antes, con la única diferencia de que en esta ocasión sí se preocupa por hacerte sentir como tal. Dos palabras dulces, un "pequeña" seguido de un "te extraño". Una rosa, una sonrisa. Mientras te coloca el pelo, te mira a los ojos, de nuevo sonríe.
Y en ese momento piensas ¿y por qué tan tarde si ya te he olvidado?