viernes, 29 de noviembre de 2013

Nada es perfecto hasta que sonrie.

Suena el despertador, todavía las siete de la mañana. Hace frío, no es verano. Escuchas la lluvia caer, hace mal tiempo. Crees que toda persona que se encuentre en su sano juicio debería estar en la cama disfrutando de un tranquilo y despreocupado sueño en vez de encontrarse frente a un espejo terminando de peinarse para salir a la calle, a pesar de que ni el Sol se ha levantado. Maldices una y mil veces más todos aquellos motivos que hacen que te encuentres camino del trabajo de cada día. Tus manos están heladas y te has olvidado los guantes que estaban destinados a protegerlas. La cazadora que llevas puesta, a pesar de ser de forro polar, no consigue alejarte de un viento mañaneo que parece proceder del mismo polo. A cada paso que das, pierdes más la noción de la posición de tus pies, pues semejantes temperaturas no te permiten ni sentir el lugar en el que los vas colocando para desplázate y te acuerdas de ese vendedor estúpido que estaba en la tienda y te dijo 'llévate esos, te quedan muy bien, además no dejaran pasar ni el agua ni el frío'. 
Crees que todo aquel que te dice 'buenos días' lo hace tan solo para recordarte que de buenos no tienen nada.
-¡Buenos días!- suena de nuevo.
Sin más piensas "Desgraciado mentiroso que te atreves a pronunciar esas palabras, ¿acaso no ves que levantarse a estas horas infrahumanas con unas clima que solo consigue ponerte de peor humor no son precisamente unos buenos días?" y te das la vuelta para poner tu mejor cara respondiendo con un agradable y falso 'buenos días' que ya no puedes pronunciar, pues lo ves y te sonríe. 
Tu abrigo ya no deja pasar el frío o quizás sea este el logro de tu cabeza al apartar de ella toda maldición contra el invierno para ceder espacio a lo insólito o inesperado. Parece que la lluvia intensa amaina y que comienza a salir el astro mayor, o al menos así deciden verlo tus ojos. Y hasta tus pies, insensibles hasta el momento, notan el fuerte latir de tu pecho. 
-¡Buenos días!-respondes. Ya sin falso tono. Porque nada es perfecto hasta que sonríe.





jueves, 28 de noviembre de 2013

Sin tu presencia...

Dime por qué me llevaste al cielo si mi mundo era el infierno. ¿Acaso no te diste cuenta de que las llamas del fuego hacían persistir mi sustento? Al cambiar el calor del averno por la suave brisa del firmamento debiste cambiar también mi débil corazón por fuerte lucero. Acomodaste las nubes bajo mis pies y me enseñaste el lugar exacto en el que pisar para no precipitarme al vacío. Sobre tal camino entendí, que de sentirme libre, el Sol siempre deslumbraría en lo alto para mí.
¿Cuál fue mi amarga sorpresa, al sentir que tus manos dejaban de sujetarme? 'Es hora de crecer pequeña' eso dijiste, y sin más, tu cuerpo den mío separaste. Como regalo me diste el cielo, exento a preguntar si sería lo correcto, y de él me dejaste disfrutando sola, sin darte cuenta de que el delicado paraíso sin tu necesaria presencia se distorsionaba.