jueves, 28 de noviembre de 2013

Sin tu presencia...

Dime por qué me llevaste al cielo si mi mundo era el infierno. ¿Acaso no te diste cuenta de que las llamas del fuego hacían persistir mi sustento? Al cambiar el calor del averno por la suave brisa del firmamento debiste cambiar también mi débil corazón por fuerte lucero. Acomodaste las nubes bajo mis pies y me enseñaste el lugar exacto en el que pisar para no precipitarme al vacío. Sobre tal camino entendí, que de sentirme libre, el Sol siempre deslumbraría en lo alto para mí.
¿Cuál fue mi amarga sorpresa, al sentir que tus manos dejaban de sujetarme? 'Es hora de crecer pequeña' eso dijiste, y sin más, tu cuerpo den mío separaste. Como regalo me diste el cielo, exento a preguntar si sería lo correcto, y de él me dejaste disfrutando sola, sin darte cuenta de que el delicado paraíso sin tu necesaria presencia se distorsionaba.


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