'Aquella iva a ser la última vez' dijo antes de volver hacerlo. Entonces se dio cuenta de que ya no podía dejarlo, de que caería de nuevo una y otra vez. De pronto entendió que no importaba quién estuviese a su lado sí es que había alguien pues no podía alejarse de él una vez él se acercaba. Ella era un juguete a merced de los caprichos del que sin saberlo ya empezaba a quererla más nunca sería capaz de reconocerlo. El mundo no se hizo para que ellos fuesen dos, como mucho uno complemento del otro, no más. Siempre callaran todo aquello que deberían decirse o quizás lo compartían con otras personas soñando que están juntos. Dibujaran el rostro del otro en la faz del que duerme a su lado cual pintor enamorado de su lienzo. Todavía comparten sus más escondidas intimidades quizás no por el placer de tener un compañero con quien hablar sino para ocultar lo que ya hace tiempo ha nacido y que ninguno es capaz de erradicar. Simples amigos que nunca llegaran a serlo. Complejas ilusiones a las que nunca se les dará rienda suelta. Dudas que siempre dejaran volar a la imaginación, y un millón de palabras que únicamente serán dichas en sueños.
miércoles, 23 de abril de 2014
Tatuaje sin tinta
Hicieron oídos sordos cuando entendieron que los dos iban en la misma dirección, por eso nunca llegaron a acompañarse durante el trayecto, y se tapaban los ojos para no escuchar uno las pisadas del otro. Era evidente que sus pasos eran paralelos mas ninguno quería verlo. No llegaron a las perdices porque se olvidaron de reunir el valor suficiente para intercambiar un 'te quiero'. Dejaron que las miradas lo gritasen todo sin ninguno susurrar nada. Los dos sabian lo que querian y sabian los dos que ninguno lo haría. Ambos prefirieron no tirarse del barco que compartian para no tener que nadar, y tambien hicieron caso omiso de que dicho barco era capitaneado por un mismo corazón. Finjian estar de vacaciones, y los dos disfrutaban del tiempo haciendo como que la amistad que los unia no pasaba de eso. Son de esas personas que si no encuentran palabra la inventan, sin embargo, ninguno lo pronunciará jamás. ¿Miedo, inseguridad? Nunca lo sabran. La duda de lo que no fue y de lo que no será. Quizás termine como empezaron, siendo dos desconocidos, o quizás terminen como estan, queriéndose sabiendolo y sin saberlo.
Desaprovecharán algo que nace y se hace por no pronunciar ocho letras. El orgullo o la personalidad se encarga de comerlo todo. Creen ser copias exactas, entendidos de la vida, pero lo que ninguno sabe es que tatuaje sin tinta es duele más que cualquier otra herida.