viernes, 27 de septiembre de 2013

Algunos lo llaman amor, yo prefiero llamarlo droga.

La sociedad en la que vivimos y nos desenvolvemos diariamente, conoce como droga a toda aquella cosa que te nuble el sentido o la razón, que poco a poco te roba tu tiempo y tu vida y hace que paulatinamente y sin darte cuenta dependas totalmente de ella. Seguramente, todas aquellas princesas que lloraron alguna vez, en la soledad de su cuarto una noche fría, fueron víctimas de la droga más fuerte y compleja, la más hábil y la más torpe, la más dulce y la más amarga. La droga con la que muchos patanes trafican, y la que muchos de nosotros conocemos con el nombre de 'amor'.
Es así, como sin darte cuenta lo quieres, lo necesitas. Y todo tu regodeo se concentra y depende de él. Pero, ¿que sucede cuando se ausenta?
Ya no es su pensamiento lo que te nubla la cabeza si no el saber que ya nada tiene lugar. Su recuerdo no es el que juega a hacerte llorar si no la seguridad de que ya todo forma parte de un pasado. No es la falta de sus besos ni el añoro a su piel lo que te tiene desorientada, si no el vacío tan nuevo como extraño que encuentras en tu corazón. No consigues ver más allá de donde tus ojos no quieren mirar, y fuera de toda esa tormenta está un radiante Sol que aguarda tu llegada, mas tú no alcanzas a verlo. 
Y es que algunos lo llaman amor, pero yo prefiero llamarlo droga. 



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