miércoles, 18 de septiembre de 2013

Solo ocurre una cosa; llega el puto invierno.

¿Nunca habéis tenido esa sensación como de que estáis perdiendo a esa persona que en apenas un verano se ha convertido en tu vida entera y que ahora, junto con el invierno llega el olvido? Sí, me refiero a esa sensación de querer empezar de nuevo, de que vuelva a despertarte una mañana con unos pasteles aun calentitos como almuerzo de disculpa tras una tonta riña nocturna, o que una noche, así sin más, se presente debajo de tu portal para decirte que tiene una sorpresa para ti, que confíes en él, y tú, feliz e ilusionada lo sigues hasta descubrir que su sorpresa es nada más ni nada menos que una rica cena con tu pizza preferida junto al río en una noche con lluvia de estrellas. Desear reanudar todas esas charlas que duraban hasta bien entrada la madrugada o esas tardes de sofá, película, palomitas y sonrisas. Necesitar volver abrazar su cintura para sujetarte y no caer. Revivir de nuevo tardes enteras a su lado y unirse de nuevo en su casa a sus comidas sin importar que fuesen cenas o reuniones familiares. Sentirte parte de él, sentir que es parte de ti.
Pero justo cuando los momentos a su lado se vuelven algo común y las noches sin él se vuelven una tortura, solo ocurre una cosa; llega el puto invierno. 
Ahora toca cambiar las tardes de película por tardes de libro. Pasar de abrazar su cintura y dejarse llevar alegre sintiendo la suave brisa sobre tu cuerpo a abrazar la almohada y dejarse caer rendida tras un día agotador. Pero quizás lo más difícil no sea cambiar las charlas nocturnas por sueños inalcanzables, ni las meriendas juntos por picoteo frente a unos apuntes. Tal vez, lo más complicado sea recordar todo un verano juntos viendo el invierno tan solitario que se nos avecina. 
En este momento, debo tener presente sus palabras: 'pequeña, que aunque un largo y frío invierno nos separe, siempre vendrá un nuevo verano caluroso para enlazarnos'.



No hay comentarios:

Publicar un comentario