No importa que llegue el día del baile y no tengas acompañante. Que tu hada madrina no llegue esa noche justo a tiempo para transformar tu melena suelta en un perfecto tocado, vestir tu cuerpo con un hermoso atuendo que realce tu belleza, adornar tu cuello con una fina gargantilla de oro o vestirte unos frágiles zapatos de cristal. No te preocupes si la calabaza no se transforma en un carruaje que te lleve a triunfar esa noche o si los pajarillos no te hacen de pajes serviciales. No le des importancia a las campanadas de media noche ni te sientas triste por no poder huir furtivamente de un palacio para que no se deshaga el hechizo que nadie ha hecho para ti. Tampoco tengas prisa en encontrar a ese príncipe que recorra todo el reino en busca de la dueña de un pequeño zapatito de cristal, al que no le importe el tiempo o el esfuerzo invertido en encontrar a la joven que lo embaucó en una noche.
Debes tener la certeza de que no necesitas a un hada madrina para verte espléndida en cualquier momento y que no necesitas un carruaje para llegar al lugar en el que vas a triunfar, pues puedes destacar en cualquier lugar. Tampoco vas a tener que estar atenta a la hora de tu huida porque siempre debes tener algo presente pequeña Cenicienta; aquel a quien consigas cautivar, jamás te dejará escapar.
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